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El pasado sábado 4 de octubre me pateé Sitges, inmerso en la 41ª edición del Festival de Cine Internacional de Catalunya, que en el fondo sigue siendo el Festival de Cine Fantástico y de Terror que era antes de que le cambiaran el nombre.
Pude ver tres películas. Tale 52, una asfixiante y angustiante cinta griega con temática estilo Atrapado en el Tiempo, pero de mal rollo. La primera media hora casi acaba conmigo, pero tras el fallido build up consiguió engancharme, y al final la valoración que le doy es buena, aunque no así a la sala en la que se proyectó, la recién inaugurada Sala Tramuntana. Hay que tener muchos huevos para cobrar 7 € por ver una película en una sala de actos con ínfulas, con una pantalla diminuta y sin pendiente, lo que provocaba que si tres filas por delante de ti se sentaba alguien 10 cm. más alto que tú no vieras nada. Intolerable.
Me ahorraré comentarios sobre la segunda película, Santos, una cinta de superhéroes a la hispano-chilena. Creo que puede ser la peor película que he visto jamás, y contando lo amante que soy de la caspa y de los superhéroes muchos os imaginaréis lo mala que es. La presencia del cast al completo en la sala y la simpatía que despiertan personajes como Willy Toledo o Elsa Pataki propició unos aplausos que no merece en absoluto. Huid de ella.
Sin embargo, el punto álgido del día fue sin duda Repo: The Genetic Opera.

Teníamos sesión a las 10:30, pero la distribuidora anuló el pase aduciendo “problemas de seguridad por peligro de piratería”. A la 01:00, la segunda sesión programada, entramos en la sala del Auditorio Melia tras pasar por un draconiano control digno del aeropuerto de Atlanta. Excesivo pero comprensible, aunque no sé si achacar las culpas a la distribuidora o a la falta de previsión de la organización del festival. Resultado: varios controles, con detectores de metal, registro de mochilas y comprobación de móviles, que no se podían encender en ningún momento dentro del Auditorio, provocaron que la proyección no empezara hasta casi las 3, y un aluvión de pitidos y abucheos cuando los organizadores presentaron la cinta. Además, al ser tan tarde nos quedamos con dos entradas sin usar que intenté pasar a mil amigos para que no se echaran a perder. Fue imposible. ¿Quién iba a desplazarse a Sitges a esa hora? Yo no habría ido… y me habría arrepentido.
¿Valió la pena aguantar los controles, un pase cancelado tras 2 horas de cola y 3 horas más de cola a las tantas de la madrugada? Sí, sin duda.
El director, Darren Lynn Bousman, presentó la cinta de forma breve pero efectiva, junto al actor protagonista de la misma, el elegante y whedonesco Anthony Steward Head, al que más tarde pudimos felicitar por su actuación, aunque la prohibición de llevar cámaras y móviles me impidió sacarme una foto con él. ¡Damn!
La publicidad y críticas que leí antes de ver la película la definían como un musical, y no lo es: no abundan los números musicales, ni los estribillos pegadizos o los coros multitudinarios. No es un musical, es una ópera en toda regla, y sigue los parámetros del bel canto a rajatabla. Toda la película es cantada, sin espacio para diálogos que separen las distintas canciones, y goza de una unidad musical reseñable, propiciada seguramente por la producción de Yoshiki, batería del mítico grupo X-Japan. La historia mezcla gore, sagas familiares y conflictos intergeneracionales en un mundo en que una epidemia de fallos orgánicos ha convertido a la poca población superviviente en adictos a los transplantes. ¡Pero cuidado! Si no pagas a GeneCo, compañía que financia dichos transplantes, envían al Repoman, una suerte de cobrador del frac, a recuperar los productos de GeneCo, es decir, tus entrañas.

No quiero perderme en posibles spoilers, así que prefiero no hablar de la trama, pero debo loar el grafismo de la obra, con un aspecto gótico y constructivista, opresor, sin abuso de FX pero sí con una cuidadosamente excesiva puesta en escena y dirección artística que te atrapan desde el primer instante. La historia funciona a la perfección, y la música está muy cuidada, mezclando géneros como el trash metal, industrial, electrónico o heavy del de toda la vida, con algunos toques de burlesque. Como punto negativo, hay que decir que el cast, por desgracia, es irregular. La ópera, al contrario que el musical, está escrita para que se luzcan los intérpretes, no las canciones, y si bien monstruos de la proyección vocal como Anthony Steward Head o la bella Sarah Brightman hacen un trabajo espectacular, con una soprendente Alexa Vega demostrando que tiene un gran futuro en esto de cantar y Terrance Zdunich, co creador de la obra, cumpliendo a la perfección su papel de coro, el resto del cast no está, en mi opinión, a la altura. Además, no me gustaron los interludios de imágenes de cómic, y creo que podrían haberlas convertido en soliloquos cantados por Zdunich.
Sin embargo, a pesar de esto, es una gran película freak, con una música electrizante, un desarrollo muy potente y una estética arrebatadora. Repo: The Genetic Opera tiene todos los ingredientes para convertirse en una obra de culto instantánea, en un must see para amantes de los musicales, que no deben rechazarla por ser gore, y los amantes del gore, que no deben rechazarla por ser cantada. No os la perdáis. Como diría Harry, thumbs up.

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